Johannesburgo, Nicomedes Santa Cruz

Posted on 10 junio, 2011

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Al maestro Nicolás Guillén

Una voz ancestral,
un tambor africano
y un verso elemental
peruano.

El negro en el Perú
actualmente no sufre,
ya no hay esclavitud
ni azufre.

Le dieron tibio baño
en tina de jabón
porque en su ama dio el germen
que no tuvo el patrón.

Del seno de mi abuela
a mi madre brindó,
el hijo del amito
mamó, mamó, mamó.

Y mi abuelo con su amo
en la Casa ´e Jarana
cantujaron de alirio,
cantujaron replana.

Y en la casa ´e jarana
-con el Amito Viejo-
bailaron mis hermanas
zamacueca y festejo.

El padre de mi amito
de mi abuela gustó
y mi abuelo a su amita burló.

Yo le dijera: primo,
a ese blanco travieso
de cabello enrizao
y de labio muy grueso…

El negro en el Perú
actualmente no sufre,
ya no hay esclavitud
ni azufre.

Más ha sufrido el negro
nuestro hermano de Cuba
descendiente directo
nagó, yoruba.

Más ha sufrido el negro
muerto en Santo Domingo
por los diarios abusos del gringo.

Más ha sufrido el negro
cantor de Panamá
que el negro jaranista
de acá.

Más ha sufrido el negro
labrador de Haití
que el zambo guaragüero
de aquí.

Más ha sufrido el negro
del morro y la favela
que mi padre y mi madre
y mi abuela.

En fin, más sufre el negro
de Harlem a Louisiana
que nuestra gente negra
peruana…

Y al problema del negro,
segregación racial,
el mundo permanece
neutral.

Quiero aguda mi rima
como punta de lanza.
Que otra mano la esgrima
si alcanza.

Yo jamás con voz hurgo
perentoria.
Yo ja… ¡Johannesburgo!
¡Pretoria!

Cuando en Johannesburgo
llegue el Día de Sangre,
yo quiero estar allí,
compadre.

Cuando en Johannesburgo
llegue el Día de Sangre,
debemos estar todos
¡Hijos de negra madre!

Con la voz ancestral
el machete en la mano
y el verso elemental
hermano.

He leído mucho sobre literatura sudafricana últimamente, sobre escritores blancos y sobre escritores negros, sobre segregación racial, apartheid, sobre un sistema político y social que determinó y, aún determina de una manera completamente diferente, a toda una sociedad.

Tanto he leído y, a veces, tan difícil de digerir que no sé qué mencionar en primer lugar en este blog.

Ahora ya no hablo de Londres, ni siquiera del Reino Unido, pero lo que ocurrió en Sudáfrica no hace tanto tiempo es tan esencialmente humano que me permito incluirlo aquí.

He elegido un poema que, en realidad, no es sudafricano sino que fue escrito en la otra parte del mundo, en Perú. Nicomedes Santa Cruz murió en 1992, en pleno optimismo post apartheid, y sus escritos y canciones siempre buscaron defender la importancia del afro peruano en la historia de su país. En el poema, la historia de Sudáfrica, de la ciudad de Johannesburgo, como en realidad se llama, no es una historia aislada, es la historia compartida de Perú, Cuba, Santo Domingo, Haití, Panamá, el estado de Louisiana, el barrio de Harlem en Nueva York, y tantos otros lugares en los que la lucha de los negros continua con “el machete en la mano y el verso elemental”.

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