Oscar Wilde en la cárcel

Posted on 23 febrero, 2011

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Durante los últimos días, mis idas y venidas en el metro suceden rápidas con la lectura de De profundis. Me llevan a un Wilde diferente del que conozco, ya no es el dandy que se recrea en el disfrute del placer y del éxito, ni tampoco es el escritor de las comedias que le estaban haciendo tan famoso en los últimos años: El abanico de Lady Windermere, Un marido ideal (que hasta finales de febrero se representa en el Vaudeville Theatre), La importancia de llamarse Ernesto,… El escritor, ahora, baja a los infiernos y se recrea en su vida que ha derivado en la tragedia.

El libro es una carta interminable escrita a Lord Alfred Douglas, “Bosie”, desde la cárcel de Reading. Antes de llegar allí, pasa también por las cárceles londinenses de Pentonville, en Caledonian Road (durante los primeros meses que pasé en la ciudad viví bastante cerca de allí), y de Wandsworth, el lugar donde fue confinado Julien Assange tras su detención. En total dos años (desde 1895 a 1897), dos años de trabajos forzados y de ruina económica que destruirán su fama y posición en la Inglaterra victoriana que lo había encumbrado como uno de sus escritores emblema.

Oscar Wilde revisa su vida. A veces, la carta se convierte en una sarta de reproches a su amante, es por su culpa que se encuentra en la cárcel.  Le echa en cara el que no se haya dignado a visitarle durante todo ese tiempo, el hecho de que por él no sólo ha perdido la libertad sino que ha perdido toda su fortuna y nombre. Escribe y escribe sobre una relación dañina que solo podía llevarle a la perdición. Sabe que va a la cárcel por el Amor que no se atreve a decir su nombre.

 

Durante todo el tiempo que estuvimos juntos no escribí nunca una sola línea. Fuera en Torquay, Coring, Londres, Florencia o en otros lugares, mi vida, mientras tú estuviste a mi lado, fue totalmente estéril y nada creadora.

Mientras estuviste conmigo fuiste la ruina absoluta de mi Arte.

Pero éticamente habías sido todavía más destructivo para mí que en lo artístico.

En toda nuestra relación se descubre, no ya el Destino, sino la Fatalidad: la Fatalidad que camina siempre deprisa, porque va al derramamiento de sangre.

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Posted in: Londres, Reino Unido